Número de Registro: 03-2024-042018245200-01
I
CASANDRA, treinta años, está sentada entre el público.
ISABEL, cuarenta años, espera en un restaurante impaciente, se rasca, ve el reloj y mueve las piernas; Casandra la observa.
Casandra llega tarde, trae el labial corrido y un diente manchado.
Casandra: ¿Trabajas por aquí?
Isabel: No.
Casandra: Perdóname, llegué tardísimo, ¿a qué hora tienes que regresar?
Isabel: En unos treinta minutos.
Casandra: ¿Quieres que pida esto para llevar?
Isabel: Quizás en unos minut…/
Casandra: ¿¡Disculpa!? ¿Me podrías poner esto para llevar?
Isabel: ¿Siempre llevas prisa?
Casandra: El tiempo es una cosa que no entiendo.
Isabel: ¿Qué es lo que no entiendes?
Casandra: ¿Por qué le damos tanta importancia?
Isabel: Porque trae consigo consecuencias.
Casandra: ¿Cuál es tu tiempo?
Isabel: No sé, pero el tuyo, definitivamente no.
Cassandra: ¿Apoco nunca tienes prisa?
Isabel: No parece que nos vayamos a entender.
Casandra: Lo más probable es que yo la cague contigo, pero no te voy a dejar ir.
Isabel: ¿Y quién dijo que en primera me quiero quedar?
Casandra: ¿Y quién dijo que en primera quiero que te quedes?
Isabel: Me dijiste que no me vas a dejar ir y que la vas a cagar.
Casandra: Sí, porque pido todo para llevar.
Isabel: A veces yo también llevo prisa.
Casandra: Entonces ya vete a la oficina.
Isabel: A ti te cuesta trabajo olvidar.
Casandra: No, olvido rápido.
Isabel: Desmemoriada.
Casandra: Totalmente.
Isabel: No te creo nada.
Cassandra: Que bueno, no deberías.
II
Cassandra e Isabel beben y bailan, sus cuerpos embonan al ritmo de la música.
Isabel está a punto de desvanecerse; Cassandra la reanima.
Casandra: ¡Atardeceres sin fin!
¡Bailar hasta desfallecer!
¡Que el tiempo no exista!
Tu voz al despertar.
Isabel: ¡Y vivirlo todo!
Casandra: ¡Y beberlo todo!
Isabel: ¿Luego qué voy a hacer sin ti?
Casandra: No pienses en el futuro.
Isabel: ¿Cómo voy a sanar?
Casandra: No vamos a sanar. Hay cosas que no se olvidan, pero vas a sobrevivir.
Isabel: ¿Y el pasado?
Casandra: Ese siempre nos va a acompañar.
Isabel: No puede ser tan malo.
Casandra: Nunca subestimes tu propia capacidad de incendiar las cosas.
Isabel: Contigo cualquier chispazo se convierte en incendio.
Casandra: Pruébame.
Isabel: ¿Qué crees que estoy haciendo?
Casandra: ¿Vas a estar para mí?
Isabel: Sí.
Casandra: ¿Para bien y para mal?
Isabel: Sí.
Casandra: ¿Por encima de ti?
Isabel: ¿Por qué me pides eso?
Casandra: Porque lo necesito.
Isabel: Sí, hasta que me canse.
Casandra: ¿Lo valgo?
Isabel: Sí.
III
Isabel entrena box.
Casandra baila absolutamente desposeída, su cuerpo va de arriba a abajo, da saltos como una gata torturando a su presa.
Adriana, treinta años, le enseña algunos movimientos de box a Isabel, es mucho más rápida que ella, así que de vez en vez le suelta derechazos cuando baja la guardia.
Adriana: ¿Cuántos golpes estás dispuesta a recibir?
Isabel: Ninguno.
Adriana: Entonces cúbrete.
Isabel: ¿Cómo se cubre una del fuego?
Adriana: Ni te le acerques.
Isabel: Pero lo llevo dentro.
Adriana: ¡La guardia bien arriba! ¡No te distraigas ni un momento!
Isabel: ¡No bajo la guardia! ¡No me distraigo!
Casandra baila como en medio de un incendio.
Adriana: ¡No más incendios!
Isabel: No más incendios.
Adriana: ¡Tienes memoria!
Isabel: Y la memoria salva, porque una aprende.
Adriana: No sueltes golpes que no puedas controlar, gastas energía de más y pierdes la pelea.
Isabel: Ya me cansé.
Casandra se nota cansada, pero sigue bailando sin quemarse otra ronda más.
Adriana: ¡Otra ronda!
Isabel: ¡No bajo la guardia! ¡No me distraigo! ¡No más incendios! ¡Tengo memoria!
Adriana: Bajaste la guardia.
Isabel: ¿Qué? No.
Adriana: Perdiste.
Isabel: No, no he perdido.
Adriana: Te perdiste.
Isabel: ¿Y cómo me encuentro?
Adriana: Sigues bajando la guardia, perdiste de nuevo.
Isabel: Estoy cansada.
Adriana: ¿Apoco te vas a dejar madrear nomás porque estás cansada? Venga, ¡otra ronda!
Casandra se desvanece empapada en sudor.
IV
Isabel viene llegando de entrenar y se abruma ante la montaña gigantesca de ropa que hay en la sala.
Casandra dobla la ropa; Isabel se pone a doblar también.
Casandra: costal de carne y huesos
a veces con más huesos
a veces con más carne
costal de esos para pegarle
mucha soledad
y golpes…
Isabel: Cas, ¿qué pedo?
Casandra: nadie me defendió
venían de donde menos lo esperaba
de quien menos lo esperaba
pronto me acostumbré a lanzarlos también
Isabel: Te hago un porro.
Casandra: “¡que lance la primera piedra el que esté libre de pecado!”
todos lanzan la piedra (la posee una risa que va lo tétrica al silencio)
por lesbiana
por iracunda
por mierda
miedosa
miserable
maldita
mediocre
por rubia
por vacía
por loca
Isabel: Ey, ey, no estás loca.
Casandra: a veces me despertaba con el chirrido de la olla express
el olor a frijoles con epazote y hoja santa
ningún condimento se escapó de las manos de mi madre
ningún juicio de sus garras tampoco
Isabel: Cas ya.
Casandra desentierra del montón de ropa una cuerda de Shibari y se la enreda en el cuello; Isabel la detiene.
Isabel: No está divertido, Casandra.
Casandra: Perdón.
Isabel: Otra vez hablaste de tu mamá.
Casandra: ¿Te da miedo?
Isabel: Sí
Casandra: Es como si su espíritu me poseyera, ¿tú no sientes lo mismo con el espíritu de la tuya?
Isabel: No.
Casandra: Igual y es cuestión de tiempo.
Isabel: Yo me encomiendo a ella de otras maneras.
Casandra: ¿Qué quieres decir?
Isabel: Atraes mucho a la muerte.
Casandra: No mames, no es a propósito.
Isabel: ¿Cómo estuvo tu día?
Casandra: No vayas a decir que “atraigo mucho a la muerte” con lo que sea que te cuente de mi día.
Isabel: No te pongas así.
Casandra: Pues hubo mucho ruido. Y ya sabes que con el ruido pierdo el ritmo.
Isabel: Agarras un ritmo diferente, pero así como perderlo, no creo.
Casandra: ¿A ti cómo te fue?
Isabel: Después de la chamba fui a entrenar.
Casandra: También vi a Liliana.
Isabel: ¿Cómo te fue?
Casandra: Se puso extraña la cosa.
Isabel: ¿A qué te refieres?
Casandra: Me tiró una verdad con la que no pude.
Isabel: ¿Le pagaste?
Casandra: Sí.
Isabel: ¿Todavía le debes?
Casandra: Como setecientos pesos.
Isabel: Te los presto para que se los pagues.
Casandra: Gracias.
Isabel: ¿Te volvió a atender tarde?
Casandra: No, pero porque le dije que llevaba prisa.
Isabel: ¿Qué pasó? ¿Quieres contarme?
Casandra: Liliana me dijo que le gusto.
Isabel: ¿Y qué le respondiste?
Casandra: Que me gusta de vuelta.
Isabel: ¿Por qué llevas tanto tiempo haciéndote pendeja conmigo?
Casandra: No es así.
Isabel: Te gusta desde hace un chingo.
Casandra: Creí que de mi lado era normal.
Isabel: No mames no, no es normal, menos si tienes pareja.
Casandra: Te estoy contando todo.
Isabel se pone sus guantes de box.
Isabel: La que se chuta los madrazos soy yo.
Casandra: Lo sé.
Isabel: No, no lo sabes. Estoy cansada y cansada bajo la guardia.
Casandra: Isa… Por favor.
Isabel: He recibido muchos madrazos por ti y de ti, no estoy dispuesta a recibir otro.
Casandra: ¿A qué te refieres?
Isabel: A esto que estás haciendo.
Casandra: No pasó nada físico con ella.
Isabel: ¿Cómo le haces para enamorarte de la primera perdedora que ves?
Casandra: Por mi tendencia al fracaso, porque atraigo a la muerte.
Isabel: Tú me hiciste querer más.
Casandra: Jamás has sido una perdedora.
Isabel: Ni pretendo quedarme a tu lado para serlo.
Casandra: Jamás bajas la guardia.
Isabel: Ya recibí suficientes golpes.
Casandra: Pobre de ti, víctima de alguien como yo.
Isabel: Algo así, sí.
Casandra: Vas por la vida pensando que tienes que ponerte a la defensiva todo el tiempo.
Isabel: Contigo lo aprendí.
Casandra: No. No es mío semejante honor, déjate tantita responsabilidad a ti.
Isabel: Quizás por eso terminamos juntas.
Casandra: Y por eso terminamos así.
Isabel baja la guardia.
Casandra se golpea a sí misma el ojo con el puño cerrado hasta dejarse un moretón.
Casandra: Estoy tratando de decir que te amo, que aunque me gustó alguien más estoy aquí teniendo esta discusión contigo.
Isabel: Te la ligaste hace meses.
Casandra: No te hagas ideas.
Isabel: Tu me crees tonta.
Casandra: ¿Cómo vamos a resolver esto?
Isabel: ¿Hay forma?
Casandra: La única que conoces.
Casandra: Yo no me ando con amenazas.
Isabel: Yo tampoco.
Casandra: Deja de ponerte a la defensiva.
Isabel: Me caes muy mal.
Casandra: ¿Qué te ata a mi?
Isabel: … Tu forma de bailar.
Casandra: Eso suena muy superficial.
Isabel: Tu cuerpo se mueve de modos que no me explico.
Casandra: Eso lo encuentras en cualquiera.
Isabel: Tu ritmo es peculiar.
Casandra: Te vas a ir.
Isabel: Aprende a soltar.
Casandra: Yo no te voy a poder soltar.
Isabel: Te va a costar, pero sí.
Casandra: Hay cosas de las que no tengo una sola certeza.
Isabel: Estás acostumbrada a ver lo inevitable. Aprende a tener fe.
Casandra: La fe es algo que no me explico.
Isabel: No todo está escrito.
Casandra: Precisamente eso me nubla.
Isabel: Salta al vacío conmigo.
Casandra: Me vas a soltar.
Isabel: Sí, cuando ya no pueda sostenerte más.
Casandra: Luego estaremos a nuestra suerte.
Isabel: Y ahí cada una va a demostrar de qué está hecha.
Casandra: Tú no confías en mí.
Isabel: Es que siempre sabes cómo decepcionarme más.
Casandra: Suenas como mi mamá.
Isabel: Tú también.
Casandra: Para ti nada ni nadie es suficiente.
Isabel: Tú eras suficiente.
Casandra: Luego no.
Isabel: Eres voraz.
Casandra: Tú eres la que siempre quiere más.
Isabel: Pero tu hambre es mucha.
Casandra: Yo no le tengo miedo al hambre.
Isabel: Yo le tengo mucho miedo al conflicto.
Casandra: Tampoco le tengo miedo al conflicto.
Isabel: ¿A qué sí le tienes miedo?
Casandra: A la soledad.
Isabel: ¿No disfrutas bailar en soledad?
Casandra: Lo que más disfruto es que me vean.
Isabel: “Eso suena muy superficial”.
Casandra: Es que en mi soledad hay tanto eco que me siento absolutamente vacía.
Isabel: Estás vacía.
Casandra: Por eso me vas a dejar.
Isabel: Por eso y por lo de Liliana.
Casandra: Y por Adriana.
Isabel: Ella no tiene nada que ver.
Casandra: ¿Quién te va a sostener cuando bajes la guardia?
Isabel: No lances el primer golpe.
Casandra: Siempre asumes que lo lanzo yo.
Isabel: ¿Y no?
Casandra: No.
Isabel: ¿Quién se golpeó el ojo?
Casandra: ¿Quién trae los guantes de box?
Isabel: Son mera protección.
Casandra: Más de una vez me he quedado sin aire.
Isabel: Esos reclamos no caben en tu boca.
Casandra: Lo que te duele es que esos reclamos caben en boca de las dos.
Isabel: Estás llena de defectos.
Casandra: Al inicio era mi forma de bailar, ¿no?
Isabel: Eres mala, tienes mal corazón.
Casandra: ¿Porque todo lo que no entiendes lo etiquetas como malo?
Isabel: Siempre has sido muy retórica, pero de nada te sirve lo que sabes.
Casandra: Con el tiempo aprendiste a insultarme bien.
Isabel: No es insulto, promesa de Scout.
Casandra: ¿Cuántas veces me humillaste?
Isabel: Acuérdate que hasta tu mamá te aplicaba la ley del hielo.
Casandra: Acuérdate que dejaste ciega a la tuya con tu necedad.
Isabel: No tienes ningún derecho de decir eso.
Casandra: La humanidad se autoimpone límites imaginarios como en tono medio colonial, ¿no te parece?
Isabel: Estás llena de palabras que no entiendes.
Casandra: Necesito que te vayas… Y que te quedes.
Isabel corre…
Casandra: Vuelve. No vuelvas. Por favor vuelve. No vuelvas.
V
…da un salto y luego cae al vacío.
Isabel: Sí la amo, juro que sí.
Pero aprendí a amarme más a mí.
No hay día en el que no piense en ella,
aunque no se lo haga saber
sigue en mi corazón su presencia.
No tiene idea del vacío que deja.
En soledad es cuando más la extraño.
Su voz llena cualquier silencio
y silencia cualquier injusticia,
siempre con una moral bien articulada
en la teoría
en la práctica aún faltan detalles.
Jamás le exigí ser perfecta.
Con ella y a pesar de ella aprendí
que no debe haber amor más grande que el propio.
Isabel cae al piso y se golpea con fuerza el hombro.
VI
Adriana prepara un par de tragos que parecen complejos con hierbas en una mesita.
Isabel está notablemente lastimada del hombro.
Adriana: Remedios para el corazón.
Isabel: Te quiero tener en mi vida siempre.
Adriana: No bajes la guardia.
Isabel: Es cansado.
Adriana: Pero tienes que aprender a cuidarte, nadie lo va a hacer por ti.
Isabel: ¿De dónde sacas fuerza?
Adriana: De todos los madrazos que he recibido.
Isabel: Por existir.
Adriana: Mira yo quiero estar tranquila.
Isabel: Me haces bien.
Adriana: Todo lleva su tiempo.
Sanar lleva su tiempo.
Calmarse para vislumbrar otro camino también lleva su tiempo.
Isabel: Tengo mi camino enfrente.
Adriana: Tu salida.
Isabel: Siento que todo se me viene encima, no puedo ni respirar.
Adriana: La semana que viene tengo una entrega en Hidalgo, por ahí hay lugares para acampar muy bonitos.
Isabel: Ando con muchas cosas en la oficina.
Adriana: Y con otras tantas en la cabeza y el corazón.
Isabel: Pero una sola en el cuerpo.
Adriana: Quiero el nombre y apellido de quien posee tu cuerpo.
Isabel: Adriana Cuevas Olvera.
Adriana: Te faltó mi segundo nombre.
Isabel: No tienes otro nombre.
Adriana: ¿Por qué no me has besado?
Isabel: Hay verdades que vienen en forma de pregunta.
Adriana: ¿Cuántas veces nos has imaginado juntas?
Isabel: Ya sabes la respuesta a esas preguntas.
Adriana: Mejor dejo de preguntar.
Isabel la toma de la cintura y le da un beso largo.
Isabel: Vámonos a acampar.
Adriana: ¿Y tus pendientes de la oficina?
Isabel: Tengo una casa de campaña cabrona y me encantan las fogatas.
Adriana: ¿Vas a poder amarme?
Isabel: Ya te amo.
Adriana: ¿Voy a ser suficiente?
Isabel: Eso no me corresponde juzgarlo.
Adriana: ¿Para qué nos enamoramos?
Isabel: Para salvarnos del vacío.
Adriana: ¿Y yo qué obtengo?
Isabel: Mi suerte.
VII
Isabel arma una casa de campaña.
Casandra aviva una fogata, pone agua a calentar y unas papas envueltas en aluminio.
Isabel: A veces una no le hace caso a todas las señales que ve en el camino.
Casandra: No siempre está mal perderse.
Isabel: ¿Te sientes perdida?
Casandra: No.
Isabel: Pero sí estamos perdidas.
Casandra: Yo sé dónde estoy.
Isabel: No, no sabes.
Casandra: Estoy contigo.
Isabel: Pero no sabes volver a tu casa, no tienes un camino trazado en la cabeza que puedas seguir o un mapa.
Casandra: ¿Necesitas un mapa para llegar a tu casa?
Isabel: Cuando estoy perdida, sí.
Casandra: Tú eres mi hogar.
Isabel: Tengo hambre.
Casandra: Ya no rezongues, ven.
Isabel: Haces que todo me sepa hogareño.
Casandra: Te amo. Creo que no te lo he dicho lo suficiente.
Te amo y quiero estar contigo.
Te amo, te amo, te amo, te amo.
Te amo, Isabel, te amo, vivir parece más fácil si estoy a tu lado
me da menos miedo cagarla.
Llenas de fuerza mi alma.
Las cosas malas dejan de importar.
Contigo es donde pertenezco.
No estoy perdida.
Te tengo a ti.
Isabel: Vas a terminar odiándome, a mí y a mis ronquidos.
Casandra: Probemos.
Isabel: Ronco muy fuerte.
Casandra: Yo me golpeo.
Isabel: ¿Cómo?
Casandra: Así como lo escuchas.
Isabel: ¿A propósito?
Casandra: Algo así.
Isabel: ¿Y si nos desmoronamos?
Casandra: Nos detenemos a disfrutar lo que nos quede.
Isabel: Te quiero como para siempre.
Casandra: El siempre no existe.
Isabel: Un siempre en tiempo presente.
Casandra: ¿Y las posibilidades?
Isabel: Tendremos tantas como queramos, opciones y posibilidades pa’ aventar pa’ arriba.
Casandra: ¿Y nos vamos a elegir? ¿Aunque existan otras posibilidades?
Isabel: Yo tengo ganas de elegirte las veces que sean necesarias.
Casandra: ¿Qué va a pasar cuando ya no me elijas?
Isabel: Siempre estás demasiado preocupada por el futuro.
Casandra: Es que la tragedia está latente.
Isabel: Disfruta el proceso como si fuera la primera vez que te enamoras, como si no supieras cómo va a terminar y quién sabe, igual y te sorprendes.
Isabel pone más troncos en la fogata y aviva las llamas con hojarasca, el sonido de las llamas toma protagonismo.
Casandra: Hay muchas cosas que no entiendo.
Isabel: ¿Para qué quieres entenderlo todo?
Casandra: Tanto la sombra como la memoria carecen de luz.
Isabel: Ven.
Isabel toma de las manos a Casandra frente al fuego.
Isabel: Para aprender a soltarnos
primero debemos saber mirarnos.
Para aprender a caminar
debemos poder soltarnos.
Casandra: caos en los campos semánticos
se incendia el bosque con todas sus voces
no queda nada más que silencio y algunas ideas perdidas
totalmente inarticuladas
confundidas
perdí la razón
gané juicio
perdí la esperanza
gané muerte
perdí personas
gané tiempo
Isabel: Te doy mi fuego
y de testiga la tierra
que lo que soy te entrego.
Incendiemos todo juntas.
Casandra: Quemo.
Isabel: La piel aprende a aguantar.
Casandra: ¡Llenas de escamas como de dragonas!
Isabel: Y del estómago viene el fuego que lanzamos por la boca.
Casandra: Yo contigo todo, Isabel.
Isabel: Sin miedo.
Casandra: Tú no sabes de tragedias.
Isabel: Es muy soberbio pensar de ese modo.
Casandra: ¿Me quieres?
Isabel: Como a nadie voy a querer.
Casandra: ¿Y me vas a querer siempre?
Isabel: De una forma u otra, sí.
Casandra: No como quiero.
Isabel: Eso tú lo sabes.
Casandra: Te vas a ir.
Isabel: ¿Otra vez preocupada por el futuro?
Casandra: Lo único inevitable.
Isabel: Vamos a comer.
Casandra: Tengo un don con la comida, eh.
Isabel: Y en la cama.
Casandra: ¿Cómo te voy a dejar ir?
Isabel: No vas a tener que dejarme ir hoy.
Casandra: Avivas el fuego.
Isabel: Me gusta un montón cómo cocinas.
Casandra: No podría ser chef, cocino según mi humor.
Casandra: Hay vino.
Isabel: Para ya no preocuparnos por el futuro.
Casandra: Salud.
Isabel: No importa cuántas veces me equivoque y baje la guardia.
Casandra: No deberías decir cosas que no vas a poder sostener.
Isabel: Tú no deberías depositarme todas tus ganas de vivir.
Casandra: No veo mi propio futuro sin ti.
Isabel: ¿Mas vino?
Casandra: Hay cosas que veo y no entiendo.
Isabel: ¿Siempre quieres entenderlo todo?
Casandra: Cuando bebes te pones en una frecuencia que no me gusta.
Isabel: Pues a mí me encanta.
Casandra: Mejor hazme el amor.
Isabel: No estamos perdidas, yo sí sé llegar a la casa.
Isabel toma con torpeza la cintura de Casandra.
Casandra con el ojo morado.
Casandra: ¿A quién le vas a llamar?
Isabel: A Liliana.
Casandra: ¿Para qué?
Isabel: Para comprobar que mientes.
Casandra: Ya lo sabes, ¿qué más quieres comprobar?
Isabel: Eres una cínica.
Casandra: Jamás tuve nada físico con ell…/
Isabel: A estas alturas no hace falta.
Casandra: Por favor no le llames.
Isabel: Nuestro vínculo ya está muy madreado.
Casandra: Literal y metafóricamente.
Isabel: Hay cosas de las que no se puede huir.
Casandra: Tú eres la que se va a ir.
Isabel: Lo cantaste desde el inicio.
Casandra: Lo sabía desde un inicio.
Isabel: Eres una mentirosa.
Casandra: Lo que sucede es que no entiendo lo que veo.
Isabel: Eres pura mierda.
Casandra: Es muy genérica tu forma de insultarme.
Isabel: Lo que sucede es que no es metafórico.
Casandra: ¿Qué haces conmigo, entonces?
Isabel: Ya no estoy contigo.
Casandra sin el ojo morado baila y seduce a Isabel.
Casandra: ¿Cómo le haces el amor con palabras a alguien?
Isabel: Diciéndole lo mucho que te importa.
Casandra: ¿Eso se puede pronunciar?
Isabel: Claro y si no encuentras las palabras, con sonidos.
Casandra: También si te hablo cerquita.
Isabel: El ritmo importa.
Casandra: Y la métrica de las palabras.
Isabel: El tono de voz.
Casandra: Del sonido a la música.
Isabel: Y luego al baile.
Casandra: De eso sí que sé.
Casandra aviva el fuego, el sonido de las llamas toma protagonismo.
Isabel suena unas copas; Casandra baila.
Casandra saca a bailar a Isabel. Hacen sonidos con sus cuerpos que se sincronizan con sus pasos.
Isabel se queda sin aire.
Isabel: Es que ya no puedo.
Casandra: ¿Te vas?
Isabel: Es demasiado el fuego.
Casandra: Se nos salió de las manos.
Isabel: No hay marcha atrás.
Casandra: ¿Hablaste con Liliana?
Isabel: Lo suficiente, sí.
Casandra: ¿Qué vas a hacer?
Isabel: Ya sabes qué voy a hacer.
Casandra: ¿Cuándo te vas?
Isabel: Me fui hace mucho.
Casandra: Una parte de mi siempre va querer estar contigo.
VIII
Adriana e Isabel hacen maletas para irse de viaje.
Abren sus maletas en un lugar paradisiaco.
Casandra tiene una cuerda de shibari amarrada al cuello y es espectadora de todo.
Adriana e Isabel se van de fiesta, bailan, sus cuerpos no siempre embonan, a veces se golpean al bailar, pierden el ritmo, no les importa y ríen al respecto.
Adriana e Isabel ven una película juntas.
Adriana e Isabel cocinan juntas.
Casandra ve toda la secuencia como en una película.
Deambula entre ellas sin que la noten.
Casandra intercambia de lugar con Adriana.
Casandra le entrega un extremo de la cuerda a Isabel y se sientan a ver una película.
Alrededor de un altar, con un caldero, machetes, caballitos, puros, dulces y collares de colores, Isabel y Casandra prenden unas velas.
Adriana se alista para practicar una rutina de box.
Casandra: Es injusto.
Isabel: No.
Casandra: ¿Siempre eres así de dura?
Isabel: Me cansé.
Casandra: Llévate todo.
Isabel: Tampoco es mi intención.
Casandra: Siempre fue tu intención.
Isabel: Te la pasas haciendo suposiciones.
Casandra: Ya te soporté varias.
Isabel: Y yo más a ti.
Casandra: ¿Son competencias?
Comienzan una secuencia de movimiento con la cuerda que está amarrada al cuello de Cassandra.
Isabel: Parece que sí.
Casandra: No se me hace justo.
Isabel: Tu sentido de la injusticia depende mucho de si te conviene o no la situación.
Casandra: Eres una hipócrita.
Isabel: Yo decido a quién darle mi tiempo y ya no te lo quiero dar a ti.
Casandra: Me vas a castigar.
Isabel: No, no es castigo.
Casandra: Venganza.
Isabel: Tampoco.
Casandra: ¿Entonces?
Isabel: Te amo, te juro que te amo, pero me amo más a mí.
Casandra: Yo no he hecho nada más que amarte.
Isabel: También me has lastimado.
Casandra: Nos, hemos lastimado, nos. Dáte tantito crédito.
Isabel: Yo no te he lastimado del mismo modo que tú.
Casandra: Sigues de cuentagotas.
Isabel: Lo de Liliana no fue cualquier cosa.
Casandra: Tu moralidad no depende de tus propias acciones, eso me sorprende.
Isabel: Eres bien choro.
Casandra: Me refiero a Adriana.
Isabel: Tú mejor que nadie deberías entender lo que sucede entre Adriana y yo.
Casandra: No seas cínica.
Isabel: Te vas a quemar.
Casandra apaga todas las velas y se toma todos los caballitos.
Casandra: Nunca atendiste bien a tus muertas.
Isabel: Tú eres de las que devora.
Casandra: la vergüenza es un demonio que te quiebra los huesos
con mucho dolor cuesta trabajo respirar
el espejo incomoda
deja ver verdades en todas sus formas
dibujadas en cada gesto
el reflejo de la existencia causa malestar
soy una grieta de piso a techo
Isabel: Eres una mentirosa manipuladora.
Adriana coordina muy bien cada golpe.
Casandra: soy un buen inicio
y un pésimo final
dejo un mal sabor de boca
camino en la cuerda floja
siempre a punto de caer como mentira
o colgada de cabeza como verdad
incendiar el presente
incendiar el pasado
incendiar el futuro
Isabel: Haces cenizas lo que tocas.
Casandra: lo que ha visto este espejo…
más de lo que yo misma podría contarte
las mujeres desnudas que han pasado
varios labios que he besado
mi primer traje a la medida
mi primera corbata
el reloj de mis cumpleaños
y a ti
ojos
y piel de tintas
mereces tiempo y amor
por favor no te vayas sin antes verte al espejo
Isabel: Teníamos todo. ¿Por qué buscaste a alguien más?
Casandra: ¿Por qué te vas con la primera que se te cruzó y le gustaste?
Isabel: Todo este tiempo y no me conoces.
Casandra: Aunque no me sorprende.
Isabel: Hay algo de ti que encuentro en ella.
Casandra: Patético.
Isabel: Pero dejé de creer en ti.
Adriana intercambia de lugar con Casandra.
Casandra lo ve todo sentada en la butaca.
Adriana: No me gusta estar a la sombra de tu relación pasada.
Isabel: Lamento mucho que las cosas se hayan dado de este modo.
Adriana: ¿Qué se nos vaticina?
Isabel: Si lo dejas en manos de Casandra, nada bueno.
Adriana: Contigo bajo la guardia.
Isabel: ¿No que nunca se bajaba la guardia?
Adriana: ¿Me vas a lastimar?
Isabel: Quizás, no a propósito, pero es posible.
Adriana: Jamás voy a luchar contra ti, no tengo por qué subir la guardia.
Isabel: ¿Ni entrenando?
Adriana: Ya entrenarás con alguien más.
Isabel: ¿Te gusta bailar?
Adriana: No soy muy buena.
Isabel: Yo tampoco, pero me gusta mucho.
Adriana: Bailemos.
Isabel: Aunque de repente te pise.
Adriana: Y yo pierda el ritmo.
IX
Casandra baila sola alrededor de la montaña de ropa, sigue trayendo la cuerda amarrada al cuello, sus pasos generan un eco que la hace perder el ritmo de vez en vez, pero no le importa, ella sigue.
Casandra: se desencadenan fuerzas imposibles de detener
intuición
iracunda
intempestiva
isabel
ichthys…/
¡que vuelva a lanzar la primera piedra el que esté libre de pecado!
pero ya nadie lanza ninguna piedra
el pecado no existe
se lo inventaron los españoles para colonizarnos
la religión lo usa para hacerte sentir culpa
de comer
de coger
de alzar la voz
de desear
de merecer algo
Está furiosa, se nota en sus movimientos, juega con la cuerda cada vez con más fuerza.
Deshace poco a poco la montaña de ropa.
Casandra: abandono
y todo el miedo que viene después
arremeter contra la propia vida
abandono
sin piedras opresoras
ni miradas intrusas
abandono
vivir para la muerte
dejarse ir
dejarme ir
resistir la presión
los juicios vienen disfrazados de melodías
esporas que se avivan al bailar
abandono
mucha sed
Amarra la cuerda de modo que está a punto de colgarse.
Casandra: hay palabras que sacian
sonidos del abecedario
que curan heridas
en forma de metáforas
valen la pena ser vividas
Se quita la cuerda del cuello…
En el montón de ropa encuentra una fotografía; busca más a fondo y saca un collar con cuentas de colores.
Casandra: arrojo
y mucho placer para aguantar
Prende una vela naranja y con el fuego de la vela quema la mitad de la fotografía.
Casandra: olvido para calmar la sed
templanza para los arrebatos
irse para encontrarse
aprender a soltar
Toma su celular y hace una llamada. –El tono de la llamada entrante suena, suena varios segundos, finalmente manda a buzón–.
Casandra llama una y otra vez con obsesión.
X
Isabel y Adriana entrenan juntas.
–Suena el tono de la llamada entrante y luego el buzón–.
Adriana: Sigues bajando la guardia.
Isabel: Dame una buena lección.
Adriana: Contigo prefiero bailar.
Isabel: No soy tan buena.
Adriana: Pero vale la pena aprender.
–La llamada entra directo a buzón–
Isabel: Casandra no tiene idea de nada.
Adriana: Una obtiene lo que cosecha.
Isabel: Está como perdida.
Adriana: ¿Te quieres perder también tú?
Isabel: Llevo perdida un tiempo.
Adriana: Ya nos encontramos.
Isabel: Nunca vas a poder estar a la sombra de alguien que es penumbra.
Adriana: Haz lo que tengas que hacer.
XI
Isabel espera en un restaurante.
Casandra está sentada entre el público.
Isabel espera impaciente, se rasca, ve el reloj y mueve las piernas; Casandra la observa.
Casandra: ¿Llevas mucho esperando?
Isabel: Todavía podría esperar un poco más.
Casandra: Yo soy muy impaciente.
Isabel: ¿Te gusta bailar?
Casandra: Soy bailarina.
Isabel: Yo no, pero me defiendo.
Casandra: ¿A qué te dedicas?
Isabel: Trabajo en un despacho.
Casandra: ¿A qué hora tienes que regresar?
Isabel: En unos treinta minutos.
Casandra: ¿Tu oficina queda cerca?
Isabel: No.
Casandra: ¿Hay problema si llegas tarde?
Isabel: No.
Casandra: ¿Quieres quedarte?
Isabel: Un tiempo.
Casandra: ¿Qué sentido tiene solo un tiempo?
Isabel: En lo que aprendemos a irnos.
Casandra: Apenas llegamos y tu ya hablas de irte.
Isabel: Debe haber movimiento.
Casandra: Pero el corazón puede latir similar.
Isabel: Por un tiempo, sí.
Casandra: Me caga lavar los trastes.
Isabel: A mí doblar la ropa.
Casandra: A mí también.
Isabel: Odio el desorden.
Casandra: Soy desordenada.
Isabel: Ronco por las noches.
Casandra: A veces huyo cuando tengo miedo.
Isabel: Me dan asco los pelos en la regadera.
Casandra: Siempre se me olvida quitar los pelos de la regadera.
Isabel: Me enojo fácilmente.
Casandra: Soy muy desesperada.
Isabel: Te voy a desesperar.
Casandra: Puedo ser muy violenta.
Isabel: Suena a confesión.
Casandra: Vas a salir huyendo.
Isabel: Todavía no tengo ganas de pedir la cuenta.
Casandra: Quédate después del postre.
Isabel le da un beso a Casandra y se va.
Isabel: Dicen que habla más de una persona cómo se va, que cómo llega.
Casandra: Yo no sé irme.
Casandra se queda sola.
Casandra: Como un vaso que se quiebra.
Me uno al silencio,
me dejo de pronunciar.
Palabra cansada,
poseída de soberbia.
Cuerpo con memoria.
Del silencio nace el amor
y la vida
así cuando el ritmo se pierde
viene el descanso
Casandra quema el collar de cuentas de colores con la llama de la vela naranja hasta romper el hilo.
XII
Isabel frente a la montaña de ropa.
Isabel: ¡Me rindo!
Casandra: Jamás vamos a terminar.
Isabel: ¡Y todavía faltan los trastes!
Casandra: No tengo ganas de dejarte ir.
Isabel: Ya dejaste ir a tu mamá.
Casandra: Hay muchas cosas que no me explico de la muerte.
Isabel: Te voy a tener que dejar todos los trastes.
Casandra: No te preocupes, yo ensucié la mayoría. ¿A dónde te vas a ir?
Isabel: Cerca.
Casandra: Yo no puedo ser espectadora de cómo me suplantas.
Isabel: La forma de bailar es como una huella digital.
Casandra: Tengo ganas de olvidarte.
Isabel: Yo no.
Casandra: Ya lo hiciste.
Isabel: Tú no sabes lo que hay en mi corazón.
Casandra: Tú sí sabes lo que hay en el mío.
Isabel: Da miedo.
Casandra: Puedes ser muy dura.
Isabel: Eres impredecible, por eso das miedo.
Isabel empaca sus cosas.
Casandra: Lo sabías desde un inicio.
Isabel: No me fui.
Casandra: No mentí.
Isabel: Sigo muy enamorada de ti.
Casandra: Y de otra también.
Isabel: Ya no caben esos reclamos.
Casandra: ¿Entonces qué reclamos sí caben, eh?
Isabel: Tengo sueño.
Casandra: Siento como si te hubiera tenido que dejar ir tantas veces, que entre más tengo que hacerlo, más me aferro a ti.
Isabel: No sabes amar.
Casandra: Parece que no.
Isabel: Puedes aprender.
Casandra: Enséñame.
Isabel: Tú me enseñaste que los orgasmos son la mejor metáfora del presente.
Casandra: Me mostraste que soy un fraude.
Isabel: En alguna medida todo es un fraude.
Casandra: Hay cosas que jamás voy a entender.
Isabel: Más bien que no quieres entender.
Casandra: Suenas tan sabia.
Isabel: Eres una berrinchuda.
Casandra: Dame lo que quiero.
Isabel: Ya no tengo ganas.
Isabel desentierra el collar de cuentas de colores y se lo pone en el cuello a Casandra.
Isabel: Vamos a estar bien.
Casandra: No sé por qué estoy tan enojada.
Isabel: Tenemos muchas razones, pero tú accionas demasiado y te tomas varias libertades que evidencían que en efecto, eres un fraude.
Casandra: Siempre supiste insultarme bien.
Isabel: No es insulto.
Casandra: Sabes dejarme muy mal parada.
Isabel: Para eso no necesitas ayuda.
Casandra: ¿Por qué me odias tanto?
Isabel: Porque te convertiste en todo lo que no quiero.
Casandra: Antes era todo lo que querías.
Isabel: Vi que puedo obtener algo más.
Casandra: Algo mejor.
Isabel: Simplemente algo más.
Casandra: Perdón.
Isabel: Las disculpas se pronuncian cuando aún se puede hacer algo para remediar una acción.
Casandra: Tú y yo hemos andado por varios caminos que ya no se pueden desandar.
Isabel: Has cruzado límites que jamás debiste cruzar.
Empaca sus guantes de box.
Casandra: Me has hecho espectadora de mi propia tragedia.
Isabel: Te hice ver tus defectos.
Casandra: Es lo mismo.
Isabel: Para que no cometas los mismos errores.
Casandra: Aprendo lento.
Isabel: Pero aprendes bien.
Casandra: Te voy a extrañar.
Isabel: Yo también.
Casandra: Vas a estar muy bien acompañada mientras me extrañas.
Isabel: Has dejado ir cosas más cabronas.
Casandra: Tú qué sabes. No te vas a quedar ni cerca.
Isabel: Siempre vaticinas lo peor.
Casandra: Es que no te gustan las malas noticias.
Isabel: Parece que toda tú eres una mala noticia.
Casandra: Lidias mal con lo que no te gusta.
Isabel: Algo de mí no se quiere ir.
Casandra: Necesito que te alejes por completo.
Isabel: Suena egoísta.
Casandra: Lo es.
Isabel: Hay que bailar.
Casandra: No tengo ganas.
Isabel pone una rola con percusiones cuyas vibraciones activan las piernas de Casandra.
Isabel: Se me acabaron los argumentos contigo y nuestros cuerpos se entienden mejor.
Casandra: Igual te vas a ir.
Isabel: No agarras la onda o no quieres. Yo no me iba a ir, jamás fue mi intención.
Casandra: ¿Pero?
Isabel: Pero ya no te quiero cerca.
Casandra: La que no agarra la onda eres tú.
Isabel: Me cansé de darte explicaciones. Solo baila.
Isabel y Casandra bailan en direcciones contrarias aunque no se dejan de ver.
Casandra: Sí te voy a dejar ir.
Isabel: Y vamos a estar bien.
Casandra: Tú también has dejado ir cosas cabronas.
Isabel: Sobrevivimos.
Casandra: Me diste más de lo que debías.
Isabel: No sé si lo volvería a hacer.
Casandra: Supongo que estoy maldita.
Isabel: Cas, solo baila.
Isabel intenta tocar a Casandra y ella la evade.
Casandra: Ya no podemos tocarnos.
Isabel: Tu vida te pertenece a ti, a nadie más.
Casandra: no veo nada
un montón de ideas revolotean en mi cabeza
y las ideas asesinan
son capaces de destruir ciudades enteras y cometer genocidios en nombre de un dios que nos abandonó hace mucho
o de hacer guerras por negocio
el futuro es eso: un puñado de ideas asesinas
mucha ceguera también
fragmentos que la memoria no puede reconstruir
Isabel: Ya casi me tengo que ir.
Casandra: Te fuiste hace mucho.
Isabel: Pero estuve, ¿no me viste?
Casandra: Cuando te conocí estabas perdida.
Isabel: Lo dices como si encontrarme hubiera sido gracias a ti.
Casandra: Sí.
Isabel: Yo soy gracias a mí.
Casandra: Dame un poco de crédito.
Isabel: Ni tantito.
Casandra: No dejes nada que me recuerde a ti.
Isabel: Tampoco tengo ganas de acordarme de ti.
Casandra: En soledad los gritos son más bien un fantasma lleno de rabia.
Isabel: Toda tú estás llena de rabia.
Casandra: Creí que compartíamos eso.
Isabel: Cuídate mucho.
Casandra suelta una risa incrédula.
XIII
Adriana prepara un par de tragos que parecen complejos con hierbas en una mesita.
Isabel trae los guantes de box puestos.
Casandra llega tarde, trae el labial corrido y un diente manchado.
Adriana: No bajo la guardia. No me distraigo. Aprendo de mis errores.
Isabel: ¿Siempre tienes prisa?
Casandra: Si traes la guardia siempre arriba, las personas pueden malinterpretar que quieres pelear.
Isabel y Adriana: No bajo la guardia. No me distraigo. Aprendo de mis errores.
Casandra: Tú sabes más de armonía. Yo enseño a desaprender.
Adriana: No te creo nada.
Casandra: Entiendes muy poco de lealtad.
Adriana: Mentirosa.
Casandra: Las dos entienden muy poco de lealtad.
Isabel: Aprende a irte con amor.
Casandra: Hay que amarnos de cerca y de lejos, en la crisis y en la armonía, en el caos y en el orden, hay que amarnos profundamente en todas las posibilidades.
Isabel: Tu vida no me es ajena y sería una pena que te alejaras.
Casandra: ¿Cómo voy a sobrevivirte?
Adriana: Rompes lo que tocas.
Casandra: ¿Por qué me obligan a ser espectadora de ustedes?
Adriana: Te lo ganaste.
Casandra: Deberían agradecerme.
Isabel: ¿Qué sucedió con lo de amarnos de cerca y lejos?
Casandra: Merezco más.
Adriana: Mereces lo que tienes.
Casandra: Me dieron madrazos de los que no me pude parar.
Isabel: Nadie lanzó ninguna piedra.
Casandra: Todas lanzamos piedras.
Adriana: Eran tiempos de guerra.
Casandra: Y la ganaste.
Isabel: Esto jamás debió convertirse en una guerra.
Adriana sirve tres vasos.
Adriana: Para ya no volvernos a ver las caras jamás.
Isabel: Salud.
Casandra: Sí nos vamos a volver a ver.
Isabel: En armonía.
Casandra: Sin hipocresías.
Adriana: La semana que viene nos vamos de campamento.
Casandra: A ver si les caigo.
Isabel: Ya no eres bienvenida.
Casandra: Todo parece un error.
Isabel: En retrospectiva, sí.
Adriana: Basar tu vida entera en algo inexistente como el futuro, es un error.
Casandra: La ignorancia no conoce de tiempos verbales.
Isabel: Tampoco la necedad.
Casandra: Estoy llena de heridas y vergüenza.
Adriana: Rompes toda norma social.
Isabel: Me encantaba, hasta que me rompiste.
Casandra: No me corresponde cargar con eso.
Adriana: De nada te haces responsable.
Casandra: no entiendo de dónde viene tanta tristeza
se me desbordan los ojos de tanta nostalgia
el corazón está cansado de latir
a la larga duele menos la soledad
no sé dónde cabe tanta tristeza
la cabeza me duele de tanto llorar
el ritmo se perdió en el vacío
sonidos primitivos
la cuerpa no descansa
sin signos vitales
no entiendo lo que veo
es como si no viera nada
Isabel: Aprende a ser un lugar seguro.
Casandra: Aprende a irte sin hacer de tu salida un espectáculo.
Isabel: Más de una vez tú fuiste la protagonista.
Casandra: No merezco nada menos.
Isabel: ¿Quién te dijo?
Adriana: Ciega.
Isabel: Sádica.
Adriana: Ahogada.
Isabel: Sorda.
Casandra: Bien decía mi madre que había que saber irse a tiempo.
Isabel: ¿Recién te acuerdas de la lección?
Casandra: Jamás la aprendí.
Isabel: Si una no aprende de sus errores, se convierte en una serpiente que muerde su propia cola.
Casandra: Y se envenena a sí misma.
Isabel: ¿Crees? ¿No debería tener cierta inmunidad?
Casandra: Igual se hiere.
Isabel: ¿Qué tendría que pasar para que una serpiente se quisiera morder a sí misma?
Casandra: Podría estar siendo manipulada.
Isabel: Por sus propias ideas.
Casandra: Exacto.
Isabel: Que el destino nos de señales
y nuestros hilos tejan abundancia.
Casandra: Con el tiempo se me va a olvidar tu nombre.
Adriana se venda los nudillos y junto con Isabel, comienzan a entrenar.
El telón cae.
Casandra: soy edipo después de sacarse los ojos
medea después de incendiarlo todo e irse
lo que antes era reflejo de la vida
se convirtió en espejo político
el futuro está a un paso menos de la muerte
llorarlo todo
bailar hasta que el cuerpo olvide
Fin.

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