Éste ensayo es un homenaje a todas las mujeres de la literatura y el cine (reales y ficticias) que se han suicidado o les han impuesto la etiqueta de “locas”. Voy a usar de pretexto la obra de teatro, ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1962) de Edward Albee, para saciar mi necesidad de expresar: Ni locas, ni muertas. Hay dos ingredientes que juntos, paradójicamente propician las condiciones perfectas para una bomba: Sumisión e ira. Lo más simple a nivel argumentativo para invalidar la ira de una persona que se encuentra en un rol sumiso, es llamarla precisamente loca. Ésta paradoja no está ejemplificada únicamente en la literatura, como le sucede al personaje de Martha y a la misma Virginia Woolf en vida. Otra paradoja que implica una dicotomía muy peculiar es que, al menos a nivel académico la Locura está monopolizada por Nietzsche y Foucault, par de autores en cuyas muertes han habido especulaciones que los colocarían en la escala freudiana más perversa o en fila para la última ronda en el infierno de Dante; su filosofía me servirá de ejemplo perfecto para concluir con más preguntas que respuestas sobre la locura en la época actual. Por supuesto contaré partes de la anécdota simple de la obra de Albee y algunos aspectos en paralelo con la película para hacer el análisis del texto.
¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1962) es una obra de teatro escrita por el dramaturgo de La historia del Zoo (1958), Edward Albee. El nombre de Albee normalmente suena a la hora de hablar de Eugene O’Neal o Samuel Beckett, dos autores que convierten lo más absurdo de la vida cotidiana en obras complejas. En 1966 Mike Nichols dirigió la película y Ernest Lehman hizo la adaptación de la obra de teatro al guion.
Cualquier narrativa sobre la vida humana, falsea la propia naturaleza de la vida humana; paradoja interesante porque la ficción viene de la realidad fragmentada y todo el tiempo hay un paralelismo con la vida. ¿Quién le teme a Virginia Woolf? Es un texto que se vuelve famoso por la mirada morbosa hacia la vida de la autora Virginia Woolf. Billy Rose fue un productor estadounidense famoso porque le gustaban las telenovelas y el chisme, fue él quien, sin siquiera haber leído la obra, decidió producirla en Broadway, porque sabía que las personas se iban a interesar en el paralelismo de la protagonista de la obra, con la vida de la autora Virginia Woolf.
Martha (Elizabeth Taylor) y George (Richard Burton) son los protagonistas de la película, quizás haya un paralelismo entre el George de la película y el medio hermano de Woolf, cuyo nombre también era George. El biógrafo y sobrino de Virginia, Quentin Bell, cuenta que su medio hermano George Duckworth abusó sexualmente de ella y su hermana mayor Vanessa. Después de la muerte primero de su madre y luego de su padre, vendieron la casa de 22 Hyde Park Gate y se mudaron, su nuevo hogar era el centro de reunión de los nuevos amigos de su hermano: Bertrand Russel y Ludwig Wittgenstein; Virginia también tenía buenos amigos: Duncan Grant, Clive Bell, Rupert Brooke, Leondard Woolf (su futuro esposo) y Vita Sackville-West, con quien tuvo una relación amorosa en los 20’s.
Hubo una serie de decisiones bien tomadas para vender primero la obra de teatro y luego la película. Who ‘s afraid of the big bad wolf? Es una canción compuesta por Frank Churchill, que cuenta la historia de Los tres cerditos de Joseph Jacobs, en un corto que Disney produjo en 1933. Churchill también hizo la música de Bambi y Blancanieves. En 1963, Elizabeth Taylor y Richard Burton protagonizaron una de las películas más caras de la historia del cine: Cleopatra. Ésta película posicionó a Taylor como una de las actrices mejor pagadas de la época. Otras de las funciones de Hollywood es la de casamentera, de ahí alimenta el morbo para los estrenos de sus próximas películas. Taylor y Burton se conocieron en el rodaje de Cleopatra, en 1964 se casaron y permanecieron juntos hasta 1974 que se divorciaron, se volvieron a casar en 1975 y finalmente se divorciaron de modo definitivo en 1976, diez años después de haber filmado juntos ¿Quién le teme a Virginia Wolf? en 1966 y a casi trece años de matrimonio. Los vaivénes en la relación entre Elizabeth Taylor y Burton alimentaban lo que hoy es Instagram y las páginas de chismes, así que eran la pareja perfecta para protagonizar la película. Uno de los temores de la propia Virginia era que, después de novelas como Orlando o La señora Dalloway, se pudieran banalizar algunos aspectos de su biografía. Sucedió. Who’s afraid of Virginia Woolf? es una obra que sí banaliza el carácter de la autora y el paralelismo con el coro Who ‘s afraid of the big bad wolf? no resulta conceptualmente interesante, ni siquiera hay un paralelismo real más que la fonética con el apellido de la autora, de ahí en fuera, se le estereotipa y enmarca en una situación ficticia con varios guiños a una realidad velada por el marketing y el chisme. Lo anterior no quiere decir que los personajes no sean interesantes, sin duda lo son, y muy complejos, se muestran llenos de vicios y transgresores.
Martha y George son un matrimonio que viven en una casa desordenada, quizás George es ligeramente más ordenado que Martha. El papá de Virginia Woolf era historiador, George es profesor de historia en la universidad donde el papá de Martha es Rector. En soledad, éstos personajes a veces se quieren, pero los reclamos, la frustración y el remordimiento los carcomen por dentro. Tienen invitados, Nick y Honey, una joven pareja que llega a irrumpir su soledad. Mientras que en la obra de teatro, la pareja parece disfrutar intelectual y emocionalmente de sus juegos e historias, en la película solo sucede a nivel emocional. Si bien el guion es muy similar a la obra de teatro, en la obra queda la sensación de que Martha y George verdaderamente se odian y en la lucha por no jugar un rol sumiso, usan la manipulación constantemente; mientras que en la película parece que la relación entre los personajes principales se puede salvar y hay algo de amor en esa manipulación. Elizabeth Taylor recibió un Óscar en 1967 a mejor actriz por su actuación en ésta película, principalmente porque muestra un lado vulnerable del que la prensa de la época en realidad se burlaba.
Martha es una mujer que encarna el cliché de la histeria y la frustración, desde la visión masculina de Albee y cuya posible tensión sexual con el personaje de Honey hubiera sido inimaginable, pero muy posible si leemos el contexto que enmarca la obra de Orlando de la misma Virginia Woolf. Sin embargo, ¿Quién le teme a Virginia Woolf? Es una obra que pone en juego las relaciones y lo ilusorias y hasta risibles que son. Martha y George son exhibicionistas y Nick y Honey son los espectadores voyeristas. Si bien la película parece realista, no está sucediendo nada apegado a la realidad de los personajes, por el contrario, se encuentran en una suerte de espiral en la que las historias que se inventan nublan la verdad. El eterno retorno nietzscheano aviva el fuego de la locura. Martha y George han tenido la misma pelea probablemente desde que se casaron, George siempre se ha sentido menos hombre por no estar en el departamento de matemáticas, biología o alguna ciencia exacta. La personalidad de Martha lo opaca y hay una lucha constante por posicionarse en el rol dominante.
La cámara normalmente se mueve con libertad, hay muchos retratos de los personajes en los que se capta su estado mental y físico. Trasladar el lenguaje escénico al cinematográfico no es sencillo y a veces no sale bien; en el caso de ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1966) hicieron un trabajo que consistió en respetar casi todos los diálogos del texto original, pero hacer cortes muy bien planeados en momentos adecuados que incluso cortaran un mismo diálogo. Lo anterior no se hubiera podido lograr sin el ritmo tan particular y preciso que generaron Elizabeth Taylor y Richard Burton en sus actuaciones. Nichols sin duda tomó una serie de decisiones que favorecieron a la película en términos cinematográficos y logró darle foco a los aspectos más importantes a nivel emotivo.
Ésta es una imagen icónica de la película que dio la portada después:
George aquí aparece al fondo y hasta se le podría considerar sumiso, pero en su dinámica de pareja se intercambian el poder constantemente. Un hombre que le cede el poder a una mujer es considerado en términos visuales menor y rodeado de negros y una mujer que toma el poder es la reencarnación de la histeria, con el ceño fruncido y la mirada desorbitada.
Quiero pensar que para Albee la locura es más un modo de vida no necesariamente despreciable en comparación a otros. Históricamente se le atribuye el adjetivo de “locas” a mujeres que rompían con los esquemas impuestos por la sociedad de su época, incluso actualmente se les dice “locas” a las mujeres que forman parte de bloques disidentes en sus países. La “historia de la locura” está escrita desde la perspectiva masculina y estereotipada de EL filósofo del siglo XX a quién nunca le llegaron las acusaciones pertinentes a tiempo, porque lo que decía era ley en cualquier ámbito de la filosofía academicista. La locura trae como inevitable consecuencia la soledad. Las personas con algún padecimiento mental son puestas en instituciones mentales, es decir, las sacan de la sociedad porque no cumplen con ciertas normativas sociales. Asignarle a una persona roles antes de haber adquirido conciencia, no solo es un atentado contra la libertad, sino que es deliberadamente manipulador.
Martha está tan loca como George, pero a él se le hace parecer sumiso, aunque saque una escopeta para fingir matar a Martha o tengan más de un altercado físico. Las agresiones de George hacia Martha se justifican y normalizan bajo el argumento de que ella lo vuelve loco, pero en realidad el juego lo deciden jugar los dos, tan loca ella como él, tan agresivo él como ella. Para que haya un juego, se necesitan al menos dos personas y las reglas. Parece que Martha es quien impone las reglas del juego, hasta que George toma la batuta e incluso él termina el juego con el telegrama ficticio sobre la muerte de su hijo ficticio.
¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1962) es una obra de teatro llevada al cine con bastante pericia y muchos aciertos a la hora de trasladar el lenguaje escénico al cinematográfico, muchas cuestiones sobre los rasgos de carácter de los personajes, se los atribuyo a la época, pero eso no quiere decir que se les justifique por la misma razón, por el contrario, hay que señalar sin condescendencia la imperiosa necesidad de la mirada masculina por reducir a las mujeres no sumisas a la categoría de locas y la insistencia de segregar y exotizar las enfermedades mentales.
Para finalizar dejo una lista de todas las mujeres reales y ficticias que se han suicidado o las han llamado públicamente locas, como un recordatorio de que urge cambiar de narrativas y generar nuevos referentes.
Virginia Woolf
Elena Garro
Lady Macbeth
Alfonsina Storni
Alejandra Pizarnik
Sarah Kane
Gabriela Mistral
Carmen Mondragón
Hedda Gabler
Ana Karenina
Madame Bovary
Ofelia
Desdémona
Emilia
Simone de Beauvoir
Clarice Lispector
Sylvia Plath
Blanche DuBois
Señorita Julia
Pita Amor
Medusa
Elena de Troya
Emily Dickinson
Lucia Berlín
Clarissa Dalloway
Maya Deren
Elena Jordi
Anne Sexton
… ¿Quién se me fue en la lista?

Deja un comentario